VALENTINA
La noche había caído sobre la casa como un manto pesado desde que Marco se marchó con Rinaldi. Me quedé en la cocina, enjuagando distraídamente unos vasos. Mi mente seguía atrapada en ese beso, en sus palabras, en la promesa de un futuro que por primera vez empezaba a asustarme. Era mi silencio mi mayor obstáculo.
Luciana había subido a su habitación hacía un rato, con ese aire suyo de quien sabe cuándo debe dejar espacio. Antes de irse, me había apretado la mano y me había dicho: "Co