Villa Isabella, Montes Sabinos
Una semana después de la llegada de Andrea
La luna llena iluminaba el jardín como si fuera de día.
Elena estaba sentada en el banco de piedra, cerca de las rosas rojas, cuando Andrea apareció a su lado. No dijo nada, solo se sentó y compartió el silencio.
Llevaba una semana en la villa, pero aún parecía un extraño en su propia piel. Como si no terminara de creerse que todo aquello era real.
¿No duermes? Preguntó Elena.
Poco. Desde que salí de prisión, duermo poco.