Villa Isabella, Montes Sabinos
Cincuenta años después
El jardín estaba en calma.
Las rosas rojas, aquellas que Elena había plantado hacía medio siglo, seguían floreciendo cada primavera con una obstinación que parecía desafiar al tiempo. Los cipreses, ahora centenarios, se mecían con el viento como espectadores eternos. La villa, testigo de tantas guerras y tantas paces, había sido restaurada hacía una década por los bisnietos de Matteo, que la habían convertido en un lugar de encuentro para to