Villa Isabella, Montes Sabinos
Amanecer del día siguiente
La luz del sol apenas tocaba las montañas cuando Elena sintió que algo había cambiado.
No era un ruido. No era una presencia. Era esa intuición que había desarrollado en años de infiltración, esa voz interna que decía: “prepárate”.
Se levantó sin despertar a Dante, vistió rápido y bajó las escaleras. Bruno estaba en la puerta, el pelo erizado, la mirada fija en el bosque.
¿Qué pasa, chico?
Bruno gruñó suavemente.
Elena abrió la puerta y