Villa Isabella, Montes Sabinos
Tres días después del rescate
Enzo se recuperaba lentamente.
Las heridas eran superficiales, cortes, la falta de comida y agua, pero el daño más profundo no se veía. Pasaba horas en silencio, mirando al vacío, procesando lo que había pasado.
Elena lo visitaba cada día, sentándose a su lado sin hablar, solo acompañándolo.
No hace falta que vengas», dijo Enzo al tercer día.
Lo sé. Pero quiero.
Enzo la miró largamente. Sus ojos, siempre fríos, mostraban algo nuevo: v