Villa Isabella, Montes Sabinos
Tres días después
La niebla cubría el valle como un sudario.
Elena no había dormido desde la llamada. Los ojos le ardían, pero la mente seguía despierta, repasando cada detalle, cada palabra, cada posible pista sobre la identidad del nuevo jardinero.
Dante estaba en la biblioteca con los documentos de Carla, buscando conexiones, nombres, cualquier cosa. Enzo patrullaba el perímetro con Bruno, convertido en perro guardián por necesidad. Carla y Matteo veían dibujos