—¿Y esta puerta? —cuestionó Irina señalándola. Era negra y estaba al final del pasillo.
Andrei sonrió de lado.
—El último lugar que me falta enseñarte.
Empujó la madera revelando el gimnasio privado en donde las luces se encendieron en automático.
—Aquí entrenamos todos los días —comentó Andrei mientras caminaba despacio—. Nikolai suele llegar antes del amanecer.
Irina observó las marcas de golpes en uno de los sacos.
—Se nota.
Andrei soltó una pequeña risa.
—¿Asustada?