Quince minutos después, el Mercedes ingresó al estacionamiento privado de un lujoso hotel cerca del centro en New York en la Fifth Avenue.
El vestíbulo era un espectáculo de mármol italiano, lámparas de cristal y arreglos florales gigantes.
Damián caminó sin prisa.
Y antes de llegar a los elevadores privados fue interceptado por una empleada, de unos treinta años y apareció sonriendo.
—Señor Romanov —saludo en un perfecto ruso—. Soy Melissa Parker supervisora general del VIP de nuestro hot