Sangrando.
Corinne.
Misha nos calma a todas después de que ayudamos en lo que podemos. Nos dice que estamos a salvo, y que los hombres estarán bien.
Pero no puedo dejar repetir en mi cabeza la imagen de Adolfo herido, y peor aún, en su mirada indescifrable.
Theressa se acuesta en su cama, y en cuestión de segundos, la escucho sollozar. Mi pecho se hunde. Trago hondo, y, tampoco queriendo estar sola, le murmuro que venga a mi cama. Ella avanza y nos colocamos frente a la otra. Pronto toma mi mano.
Se siente