Gravas.
Adolfo.
Mátalos a todos.
No dejes ningún cabo suelto.
Ellos traerán problemas.
Quería hacerlo. En serio. Pero Malcom, mi contacto con el FBI, no me dejó. Viajamos a Latinoamérica, montamos una cacería de casi 48 horas con su gente; pero justo cuando nos desharíamos del jefe del difunto Paul, el que pensábamos que era la cabeza del grupo, nos encontramos con algo mucho más grande.
Resulta que están aliados con la mafia rusa. Y aunque no le temo a nadie ni nada, soy realista; su red, acceso y defe