33.- La Calma de la Bestia.
Feralis, en cambio, era la ruptura de ese equilibrio, una presencia que no buscaba armonizar sino tensar cada hilo hasta el límite.
Su mitad marrón era más profunda, más invasiva, extendiéndose con fuerza sobre el rostro y el torso, dándole una presencia más cruda, más terrenal. Su pelaje era ligeramente más áspero, menos contenido, como si el viento lo habitara constantemente. Sus ojos, de un ámbar oscuro cercano al cobre, brillaban con una intensidad más peligrosa. Su postura se inclinaba ape