31.- El Despertar de la Manada.
El ambiente cambió apenas, como una corriente fría atravesando el aire. Isaac apretó la mandíbula, Ender negó con la cabeza y Seven soltó un suspiro largo.
—Aun así —añadió uno de los gemelos, en voz baja—, valían la pena.
—Nos hacían recordar quiénes éramos —continuó Seven, incorporándose un poco—. Antes de todo esto. Cuando entrenábamos a cachorros, cuando éramos alfa o la mano derecha de uno. Los Triunfos Wulf no eran solo juegos. Eran raíces.
Gastón dejó escapar una risa, más ligera, pero c