28.- El cuerpo que recuerda.
Madrugada en la celda de Salazar
De regreso en la zona de celdas mejoradas, Olivia se detuvo frente a la puerta de la celda de Salazar. Abrió con sigilo y entró en la penumbra. Una tenue luz azul del panel de control iluminaba el lugar.
Salazar dormía profundamente, boca arriba, con el torso vendado y el botiquín abierto sobre la mesita. Había usado algunos ungüentos, pero no todos. Su respiración lenta y acompasada le daba un aire casi vulnerable, un contraste con la brutalidad que había demos