27.- El pasaje de los que no duermen.
—Buen trabajo esta noche, lobo. —murmuró en voz baja.
Y se fue, dejando la celda en penumbra, mientras la luna dibujaba su reflejo plateado sobre la silueta dormida de Salazar.
La noche en Yérnimo no terminaba con las luces del coliseo. Olivia caminaba sola por los pasillos silenciosos, su silueta recortada por la pálida iluminación de los focos de seguridad. Aún llevaba la chaqueta que se había puesto apresuradamente tras dejar la celda de Salazar. Sus pensamientos iban cargados de emociones m