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El aire estaba denso, cargado de algo más que humedad. Mi cuerpo se sentía agotado, pesado, como si llevara sobre mis hombros todo el peso de la decisión que había tomado. Estaba lejos de Kian, y eso era lo único que parecía aliviar un poco el dolor que se me había clavado en el pecho. La imagen de su rostro al mirarme por última vez seguía doliendo. Era como una herida abierta que no dejaba de sangrar, pero al menos la distancia

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