14. Mi peor enemigo
ABEL
Fuimos directo al auto la recosté con suavidad en el asiento trasero. En cuanto me senté a su lado, le ordené al chófer:
—Vamos a la mansión.
Alys se había quedado dormida durante el trayecto; su respiración se volvió pausada y, de manera inconsciente, recostó su cabeza en mi hombro. Al llegar, la llevé en brazos hasta el sofá. En el momento que su espalda tocó el respaldo, se removió soltando un leve quejido. Con sumo cuidado revisé sus heridas, busqué el botiquín y le apliqué la medici