Capítulo 98. Un castigo
Cuando Luciana llegó al apartamento de Alexia, esta estaba hecha un mar de lágrimas por lo de su embarazo. Ella apenas vio llegar a su amiga, se levantó y la abrazó con fuerza, llorando desconsoladamente en sus brazos.
Luciana, al verla así, trató de tranquilizarla y le dijo:
—No importa lo que te tenga en este estado, solo confía en mí, que yo te ayudaré a solucionarlo todo, así tenga que deshacerme de un cadáver… lo haré por ti, así que solo confía en mí, como siempre yo lo he hecho contigo.