El sonido del motor del coche de Leonardo se apagó cuando estacionó frente a la mansión. La noche había sido larga y llena de frustración. Su mente seguía dando vueltas, no podía sacarse de la cabeza la imagen de Isabela caminando al lado de Alejandro. La ira lo invadía cada vez más, y aunque había tratado de evitarlo, la sensación de celos y posesividad lo dominaban.
Al llegar a la mansión, no pudo soportarlo más. Subió rápidamente las escaleras, ignorando por completo el silencio que envolví