La gala seguía su curso con la música de fondo llenando el elegante salón, mientras las conversaciones y risas de los invitados resonaban en el aire. Isabela intentaba mantenerse a un lado, lejos del escrutinio de Leonardo y Camila. Sin embargo, no podía escapar de las miradas furtivas de su esposo, que seguían sus movimientos como un depredador acechando a su presa.
Camila, por otro lado, no podía contener su rabia. La atención que Leonardo parecía dedicarle a Isabela la hacía hervir de celos