El frío de la mañana rusa se desvaneció por un instante cuando las puertas de la iglesia se abrieron. A través de la gran entrada, los rayos de sol se filtraron suavemente, iluminando el pasillo en una suave danza de luz. El aire, fresco y limpio, parecía presagiar algo nuevo, algo hermoso. El murmullo de los invitados se apagó en cuanto todos se dieron vuelta, y la figura de Isabela apareció en la entrada del altar.
Vestida con un delicado vestido de encaje blanco, ella avanzaba, cada paso me