El sol comenzaba a ponerse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. El jardín de la mansión Arriaga era un lugar tranquilo, lleno de flores cuidadosamente cuidadas que contrastaban con la tormenta emocional que habitaba en la casa. Isabela, sentada en un banco de piedra junto a un rosal, trataba de encontrar algo de calma en medio del caos que se había convertido en su vida.
La llegada de Camila a la casa había cambiado todo. Ahora, cada rincón del lugar que se suponía