La enorme mansión Arriaga brillaba bajo el sol de la tarde, una imponente construcción que reflejaba lujo y poder. Había sido remodelada especialmente para recibir a Leonardo y a su nueva esposa, pero el ambiente en su interior estaba lejos de ser armonioso.
Isabela estaba en la cocina, organizando los últimos detalles para la cena, cuando escuchó el sonido de un automóvil deteniéndose frente a la entrada principal. Su corazón dio un vuelco. Leonardo no le había avisado que llegaría tan tempran