Un clip de papel.
Eso era todo lo que separaba a Rafael Montoya de la libertad o de la muerte.
No era un clip de oficina estándar. Era un trozo de alambre rígido y oxidado que había conseguido arrancar del resorte interno de la vieja cisterna del inodoro de su celda. Llevaba dos horas limando la punta contra el hormigón del suelo hasta dejarla afilada como una aguja hipodérmica.
Rafael se pegó a la puerta de acero. Podía oír el zumbido eléctrico del panel de control al otro lado del marco.
Apex