WOOOOP. WOOOOP. WOOOOP.
La alarma roja giraba en el techo, bañando el pasillo estéril en pulsos de luz sangrienta. Era el latido de un organismo gigante que acababa de despertar y estaba furioso.
Elena corría.
Sus pies descalzos golpeaban el suelo de resina con un ritmo frenético, plaf-plaf-plaf, resbalando ocasionalmente sobre manchas de fluído que no quería identificar. El pijama gris se le pegaba al cuerpo sudoroso. El taser robado le golpeaba la cadera con cada zancada.
La droga sedante seg