Islandia no susurra; Islandia respira.
En medio de la península de Snæfellsnes, rodeada por campos de lava cubiertos de nieve virgen y bajo un cielo que parecía el techo de una catedral cósmica, había una cabaña de madera y cristal.
No había cobertura. No había guardias de seguridad. No había Aurora Bio ni expedientes médicos.
Solo había silencio.
En la terraza exterior, desafiando a los cinco grados bajo cero, una columna de vapor denso subía hacia la noche.
Elena y Rafael estaban sumergidos e