La recepción de la boda se celebraba bajo una carpa abierta, tejida con miles de pequeñas luces LED que imitaban un cielo estrellado artificial, compitiendo con las estrellas reales de la noche de Barcelona.
Las mesas largas de madera desnuda estaban decoradas con ramas de olivo y velas blancas. El ambiente era de una elegancia relajada, lejos de la ostentación de las galas corporativas a las que la familia Vargas solía asistir.
La cena había terminado. El murmullo de las conversaciones, mezcla