Los Jardines de Aurora, el pulmón verde que rodeaba la sede central de la compañía, nunca habían estado tan vivos.
Era mediados de diciembre, pero el microclima de Barcelona y el diseño bioclimático del jardín mantenían una temperatura primaveral. Las buganvillas trepaban por las pérgolas de acero corten, y el aire estaba saturado del olor dulce y denso del jazmín de invierno y el azahar.
No había carpas blancas ni excesos decorativos.
Las sillas para los ciento cincuenta invitados estaban disp