Nos quedamos todos los que habíamos en aquel despacho por un momento en silencio, fijándome en cómo el señor O'Brien entrecerró sus ojos poniendose sus dedos en su mentón, pero mirándome como si me quisiera fulminar allí mismo.
—- No deseo avergonzarla señorita, solo deseo una esposa, pero sobre todo una madre para mi hijo, no crea que esto va a ser un cuento de hada que aparece de pronto a su príncipe, solo es una realidad o más bien, una pura necesidad por mi parte y supongo que también por l