Me fui hacia donde estaba el despacho de mi esposo algo temerosa, pues algo me decía en mi interior que no iba a ser una conversación agradable la que íbamos a mantener Mario y yo. Ya en la puerta toque con los nudillos esperando a escuchar su voz para poder entrar, pero fue él mismo quien abrió dejandome entrar, sentándose seguidamente Mario en su sillón cogiendo el vaso de whisky que tenía encima de la mesa dándole un sorbo largo,
—- Sientate Keira, tenemos que hablar muy en serio de lo que ha