Al día siguiente Mario se fue en su coche en vez de la limusina como hacia casi todos los días, llevó primero a nuestro hijo a su guardería y el después se fue a su empresa a trabajar, me quede en la casa como casi siempre, aburrida y sin saber que hacer, pero estando en el salón sentada en el sofá pensé en ir a la empresa de Mario y así vigilar un poco a la zorra de su asistente, al mismo tiempo pedirle a mi esposo ir a almorzar con el. No me lo pensé más, me fui del salón al dormitorio, cogi