El rugido del motor irrumpió en el bosque con la violencia de una tormenta desatada. La camioneta blindada de Naven Fort se detuvo frente a la cabaña justo cuando las últimas luces del atardecer morían en el horizonte. Ivan Volkov descendió primero, pero Naven lo dejó atrás, atravesando el sendero como una bestia a punto de arrasar con todo.
Y allí, como si lo esperara desde hacía siglos, Matteo Rossi lo aguardaba en la entrada de la cabaña, con las manos en los bolsillos, el rostro sereno y un