Diego
No digo nada. La observo. Apenas la veo. Lo que veo es otro par de ojos, ardientes de desafío. Un cabello que no está perfectamente peinado. Un vestido sencillo, negro. Una mano que se alza…
La rabia ruge de nuevo. Me aparto.
Fernanda llega después, luego Isabel, con pocos minutos de diferencia. El mismo ritual. El mismo silencio impuesto. La misma orden seca. Se desnudan, uniéndose a Catalina en el centro de la habitación. Tres cuerpos espléndidos, esculturales, temblando ligeramente baj