Mundo de ficçãoIniciar sessãoDiego
Hago girar el mango, presionando lo justo para que sienta la presión sin aliviarla.
—¿Crees que mereces correrte?
Ella niega con la cabeza, el pelo negro pegado a la frente.
—No, Amo. Merezco… merezco su látigo.
—Buena respuesta.
Retiro el mango y retrocedo un paso.
—Ahora Fernanda.
Fernanda ya está en posición, las manos apoyadas en el respaldo de una







