TODAS LAS QUE ME DEBE

~ANNA~

Las puertas del ascensor se abren. Inhalo profundamente y obligo a mis pies a moverse.

Toc.

Escucho el tacón de mi zapato derecho contra el suelo.

Toc.

El otro golpea después y, mientras entro en el vestíbulo, el latido acelerado de mi corazón se une al sonido de mis pasos.

—Buenos días. ¿En qué puedo ayudarle? —me pregunta la recepcionista con una sonrisa amable.

—Buenos días. Soy Anna Kalthoff, la nueva directora del departamento de ventas.

Su sonrisa se congela por un instante. Me observa de pies a cabeza con una mezcla de asombro y confusión antes de volver a mirarme a los ojos.

—B-bienvenida, señorita Kalthoff. La estábamos esperando. Soy Sara Smith, la recepcionista del departamento.

Me devuelve el saludo con cierta torpeza y sale de detrás del escritorio para guiarme hasta mi oficina. En el camino, me muestra las distintas áreas del departamento y me explica a quién pertenece cada oficina, pero apenas consigo prestarle atención. Las personas que ya se encuentran trabajando interrumpen lo que están haciendo para observarme.

Algunos me saludan con sonrisas tímidas. Otros murmuran entre ellos y me lanzan miradas escrutadoras cuando creen que no los estoy viendo.

No entiendo qué les sucede, pero su comportamiento comienza a incomodarme.

Cuando doblamos al final del pasillo, agradezco dejar atrás las miradas y los cuchicheos. Sara se detiene frente al cubículo situado junto a mi oficina.

—Ella es Ángela Johns, su asistente personal.

Ángela levanta la cabeza y repite la misma reacción de los demás. Me mira con evidente sorpresa y después dirige una mirada confundida hacia Sara.

—Anna Kalthoff. Mucho gusto, Ángela —me presento, extendiéndole la mano.

—Bienvenida, licenciada Kalthoff. Soy Ángela Johns y estoy a sus órdenes.

Es bajita, algo rellenita y parece mucho más tímida que Sara. Me invita a entrar en la oficina mientras la recepcionista regresa a su puesto.

Ángela me muestra rápidamente el lugar y me informa sobre las reuniones programadas para la mañana. Primero debo encontrarme con Alexander Thompson, el director ejecutivo, y luego conocer al equipo de ventas.

Lo que más me importa de todo eso es lo que tanto he estado esperando: conocer a Alexander Thompson en persona.

Después de explicarme lo necesario, Ángela sale para traerme un café. Aprovecho su ausencia para acceder al sistema de la empresa y revisar algunas cuentas, campañas y clientes. Sin embargo, las extrañas miradas que recibí al llegar siguen rondando mi cabeza.

Cuando Ángela regresa y deja la taza sobre mi escritorio, decido preguntarle.

—¿Puedo saber por qué todos se me quedaron viendo raro cuando llegué?

Ángela se sobresalta y sus ojos se abren con sorpresa.

—Entonces, ¿se dio cuenta?

—Claro que sí. Todos actuaron de manera extraña, incluso Sara y... tú.

Baja la mirada y se muerde el labio, como si estuviera debatiéndose entre hablar o guardar silencio.

—Bueno… Pronto se dará cuenta de que en esta empresa no suelen contratar a mujeres bonitas. Pudo notarlo por Sara y… bueno, por mí misma.

Frunzo el ceño.

—No entiendo.

—Usted… Tú, Anna, eres hermosa. No eres el tipo de mujer que acostumbran dejar trabajar aquí.

El comentario me hace sonrojar. La verdad es que no me siento hermosa. He cambiado mucho desde que dejé a Roddy, tanto en mi forma de vestir como en mi apariencia, pero todavía me cuesta reconocer a la mujer que veo en el espejo.

—¿Y quién decide qué tipo de mujeres pueden trabajar en esta empresa?

Ángela mira hacia la puerta antes de bajar la voz.

—No le diga a nadie que yo se lo conté, pero es por la señorita Miranda Bauer.

—¿Miranda Bauer? ¿Quién es? —pregunto, fingiendo no saber quién es esa arpía, bruja y reina de todas las zorras.

Escuchar su nombre despierta la ira dentro de mí, pero me esfuerzo en mantener la expresión serena para que Ángela no lo note.

—Es la prometida del señor Thompson y también trabaja para la empresa. Se encarga de adquirir compañías pequeñas o establecer sociedades con otras para hacer crecer el grupo.

«Claro. Así fue como creó la empresa fantasma con la que terminó apoderándose de la nuestra.»

—Pero ¿por qué le importa la apariencia de las mujeres que trabajan aquí? Al final, lo importante debería ser la capacidad de cada persona.

—Según dicen, es muy celosa y no quiere a ninguna mujer guapa cerca del señor Thompson. Aunque él no parece ser de los hombres que andan viendo a otras y ella también es muy hermosa, pero… cada quien.

«Así que no te gusta la competencia ni que te hagan lo mismo que tú haces. Bien dicen que el que las hace se las imagina».

Conocer esa debilidad es un punto a mi favor. Solo debo saber cómo utilizarla.

—Entonces, ¿por qué me contrataron a mí?

—No lo sé. Pero es extraño porque la señorita Bauer jamás lo permitiría y por eso hemos actuado así. Mil disculpas.

—Tranquila. Lo entiendo.

Ángela asiente y, mordiéndose el labio, baja la mirada ocultándola de la mía. Supongo que está avergonzada.

—¿Ella viene con frecuencia a la empresa? —indago, aprovechando la oportunidad de que ella se muestra dispuesta a revelar los pequeños y sucios secretos de la empresa—. ¿La tal Miranda Bauer?

Levanta la mirada y asiente.

—Sí. Aunque ahora está de viaje por negocios con el licenciado Hynds. Creo que regresarán dentro de dos días.

«Dos días.»

«Dos días para acercarme a Alexander Thompson sin que Miranda pueda entrometerse. Debo aprovecharlos y comenzar desde hoy mismo.»

Ángela se disculpa nuevamente por el comportamiento de los demás y sale de la oficina después de preguntarme si necesito algo más. Cuando la puerta se cierra, dejo escapar el aire que contenía y apoyo las manos sobre el escritorio.

No sé por qué me contrataron ni cómo conseguí atravesar el control que Miranda parece ejercer sobre esta empresa, pero no voy a desperdiciar la oportunidad.

Debo acercarme a Alexander Thompson y seducirlo. De esa forma, comenzaré a cobrarle a Miranda Bauer todas las que me debe.

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