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~ANNA~
«Debí dejar que te murieras desangrada junto con él.» Las uñas se me entierran en las palmas cuando cierro las manos en puños con fuerza y me hago daño. Pero ni eso duele tanto como recordar ese día en que mi vida cambió de la peor manera. «¿Quieres saber por qué lo hice? Porque ella me lo pidió. Ella me dijo que tenía que deshacerme de él si quería seguir cogiendo con ella... Con ella... Una mujer de verdad, que me da lo que un hombre como yo necesita. Y no como tú, que siempre has sido una frígida que no sirve para nada en la cama.» Me veo al espejo y me acomodo la falda que he elegido para vestir este día mientras las crueles palabras que mi exesposo, Roddy, me dijo aquel trágico día en que mi vida cambió se repiten en mi cabeza una vez más y me torturan. Cierro los ojos y sacudo la cabeza, intentando sacar esos terribles recuerdos de mi cabeza, y trato de concentrarme en lo que estoy haciendo. La falda me queda un poco apretada y hace que se pronuncien mis caderas. Pienso en cambiarla por una menos ajustada, porque nunca he sido el tipo de mujer a la que le gusta andar apretada o mostrar demasiado su cuerpo, pero al final decido dejármela puesta, porque sé que si quiero lograr mi objetivo, debo mostrar lo que tengo. Veo el reloj y me doy cuenta de que ya estoy un poco ajustada de tiempo, lo que no me ayuda porque se supone que quiero llegar temprano a la empresa para causar una buena impresión. Estiro un poco la falda con las manos, tratando de que no esté tan apretada, pero es imposible. Antes de salir, me doy una última mirada al espejo. Me observo un momento y le sonrío a la mujer en el espejo porque, siendo sincera conmigo misma, no me reconozco para nada. Pienso en la mujer que era antes y no se parece en nada a esta mujer que me sonríe a través del espejo. Y no hablo solo del físico, que ya de por sí he cambiado bastante, sino que también cambió mi personalidad y mi carácter. Esta mujer que me observa a través del reflejo en el espejo es tan sexi y tiene un aire de empoderamiento que parece que puede controlar todo lo que ocurra a su alrededor. No se parece en nada a aquella mujer frágil, reservada, sumisa y estúpida que era antes. De esa mujer ingenua e idiota, que se dejó envolver en un montón de mentiras cuando le prometieron amor, ya queda muy poco... o quizá nada. Esa mujer murió hace cinco años. El día que me arrebataron lo único que realmente me importaba y amaba con todo mi ser. Agarro el bolso y el teléfono y salgo de mi departamento hacia el estacionamiento del edificio. Me subo a mi coche y salgo del estacionamiento con rumbo hacia la empresa. Mientras conduzco, pienso en todas las cosas que quiero hacer, en todas las posibilidades que se abren delante de mí en el camino hacia mi objetivo final. Pienso en todo lo que pasó y me condujo hasta este momento. Siento un poco de amargura al recordarlo todo. Pienso en ese horrible día en que desperté en el hospital y Roddy, mi exesposo, me confesó aquello terrible que había hecho porque ella se lo pidió para seguir a su lado. Aunque ha pasado un tiempo considerable desde entonces, no he logrado superar el engaño, todo lo que me hizo sufrir y, sobre todo, perder. No encuentro la manera de sanar mi herida y por eso decidí hacer esto. Quizá de esta manera pueda encontrar la forma de superarlo y tener paz en mi corazón. O quizá esté loca. Quizá solo sea humana y esté errando con mis actos, pero me resulta sumamente difícil dejar ir el rencor y la rabia que me atormentan día a día. Dios sabe que he intentado olvidarlo. Me fui de viaje por un tiempo, asistí a terapia y nada funcionó. Para lo único que me ayudaron todas esas cosas fue para salir de la depresión en la que había caído y apartar de mi mente las ganas que tenía de acabar con mi vida para dejar de sufrir. Pero, desde que la tristeza abandonó mi cabeza, el rencor y la ira se han apoderado de mí. Mi corazón se ha llenado de deseos de venganza contra esa mujer, porque, por lo menos, Roddy pagó parte de su maldad durante el año y medio que estuvo en la cárcel. Por supuesto a mí eso me parece muy poco. No es suficiente castigo para lo que hizo. Además, la encubrió. Su amor por ella hizo que jamás la delatara durante el juicio. Él asumió toda la culpa y por eso ella ha quedado impune hasta ahora. Así que lo único que me queda por hacer es esto: tomar la justicia en mis manos para hacer pagar a esa mujer por todo el daño que me hizo. Siento que la ira vuelve a florecer dentro de mí ante todos esos recuerdos. Pero, en ese momento, diviso el reluciente edificio de concreto y acero donde se encuentra Thompson Group y siento que el corazón me da un vuelco. Mientras avanzo hacia el edificio, la ira empieza a transformarse en otra cosa. El estómago se me hace un nudo y la respiración se me agita un poco. Entro en el estacionamiento subterráneo del edificio y siento que los nervios empiezan a jugar en mi contra. «Tranquilízate, Anna» —me digo para mis adentros. Suspiro y sujeto con fuerza el volante mientras busco dónde estacionarme. Al bajarme, trastabillo por los stilettos y por los nervios, que siguen jugándome en contra. Me acomodo la falda y la chaqueta, respiro profundamente y recuerdo el motivo por el que estoy ahí. Todos los signos de nerviosismo desaparecen al instante y la ira vuelve a fluir. Con paso seguro, camino hacia el ascensor dispuesta a lograr mi verdadero y único objetivo: seducir a mi nuevo jefe, para finalmente obtener mi venganza contra esa maldita mujer.






