La luz ámbar del atardecer se filtra por los ventanales del piso 50, tiñendo el despacho de un tono sangriento mientras la jornada laboral llega a su fin, aunque para Adrián Volkov y Valeria, el verdadero trabajo apenas comienza. Durante las últimas horas, el aire en la oficina ha estado saturado de una tensión eléctrica, casi insoportable, mientras Adrián permitía que Valeria tomara el mando en las conferencias telefónicas con los directivos de Frankfurt y Shanghái.
Él la observa desde su si