–¿Acaso crees que soy tu marioneta de exhibición corporativa para que me saques a pasear por tus oficinas contables justo después de confesarme que manejas el narcotráfico y el contrabando de toda la frontera, Adrián? –pregunta Valeria furiosa, dándole la espalda para tomar las prendas con dedos temblorosos mientras intenta mantener la compostura quirúrgica que necesita para no revelar que tiene el teléfono satelital escondido en el frasco de sales. – Me parece una completa locura que me obligu