Las horas de la tarde avanzan con una lentitud sofocante en el interior del despacho de la mansión Volkov, donde el aire acondicionado parece incapaz de mitigar la densidad del ambiente que se ha generado entre ambos desde que regresaron de la corporación automotriz, creando una atmósfera cargada de sospechas mutuas y un magnetismo oscuro que roza constantemente el límite de lo estrictamente profesional.
Valeria permanece sentada frente al imponente escritorio de caoba, con la espalda recta y