Valeria se incorpora de nuevo con una agilidad felina, ignorando el maltrato físico y la debilidad de la fiebre para sostener mi mirada con una fijeza desafiante, aunque la tristeza que desbordan sus ojos esmeralda me indica que el golpe de mis palabras le ha calado hondo en el orgullo.
–Si Richard es tan inteligente y precavido como siempre presumiste en tus informes corporativos, ¿cómo demonios lo encontraste tan jodidamente fácil en este perímetro? –pregunta ella, entornando las pestañas co