Sin darle tiempo a reaccionar Valeria atrapa los labios de Adrián en un beso cargado de violencia y sabor a hierro, dejando el rastro de su propia sangre sobre los labios de él, una marca de posesión invertida que lo deja sin aliento. Él intenta apartarla al principio, pero la tensión sexual que siempre ha existido entre ambos, ahora potenciada por el odio y la adrenalina del conflicto, lo arrastra a responder con la misma desesperación posesiva. La agarra por la cintura, pegándola a su cuerpo