AL DÍA SIGUIENTE
NARRA ADRIÁN
El reloj de pared de mi despacho privado marca las diez de la mañana del día siguiente, inundando la habitación con un tic tac constante que acelera la tensión en el aire mientras observo a Valeria. Ella viste un traje sastre de seda azul oscuro que resalta la madurez que ha adquirido en las últimas veinticuatro horas, manteniéndose sentada justo frente a mi escritorio de roble con la espalda recta y una taza de café negro entre sus manos.
–Durante muchos años h