El trayecto hacia el distrito portuario se desarrolla en un silencio cargado de electricidad dentro de la camioneta blindada, donde Valeria observa los suburbios de la ciudad a través del cristal tintado, manteniendo sus dedos entrelazados con los de Adrián, sintiendo la presión constante de sus anillos de oro como una marca indeleble de su nueva alianza. Al llegar a los muelles del sector cuatro, el olor a salitre, a combustible y a metal oxidado inunda el ambiente, mientras varios estibadores