Horas después.
El sonido es casi imperceptible porque no es un golpe, no es una puerta cerrándose, no es nada que en otra circunstancia pudiera considerarse suficiente para despertar a alguien… pero Valeria no está dormida, no realmente, porque su cuerpo lleva demasiado tiempo en alerta, demasiado consciente de cada detalle, de cada posibilidad, de cada segundo que pasa desde que decidió no cerrar la puerta.
Y por eso, cuando ese leve desplazamiento rompe el silencio de la habitación, sus ojo