La noche envuelve por completo la imponente estructura de la mansión Volkov, proyectando largas sombras sobre los pasillos de mármol pulido que Valeria ahora recorre con una pesadez que no logra disimular, mientras el silencio del ala principal se quiebra únicamente por el sutil crujido de la madera bajo sus pies descalzos. En el interior de la suite presidencial, la penumbra es casi absoluta, rota apenas por las luces de la ciudad que se filtran a través de los enormes ventanales de seguridad