Adrián camina por los pasillos internos del edificio, sintiendo cómo la adrenalina de la ejecución se asienta en su sistema, devolviéndole esa claridad matemática que lo caracteriza cuando se dispone a destruir un objetivo comercial. Su mente ya no está en el cuerpo que acaba de dejar atrás, sino en la mesa del gran salón, donde Valeria continúa interpretando el papel de la novia perfecta ante los ojos de la élite criminal del continente. Cada paso que da hacia el área de invitados es un record