DIAS DESPUÉS
La luz de la tarde penetra de manera oblicua por los ventanales del despacho, iluminando las motas de polvo que flotan en el ambiente como cenizas flotando sobre un campo de batalla. En el centro de la habitación, el aire se siente denso, cargado con el olor acre del tabaco turco y el aroma a cuero viejo que emana de los sofás señoriales. Sin embargo, lo que verdaderamente domina la atmósfera es el peso del silencio que antecede a las ejecuciones. Adrián Volkov permanece de pie de