Los días se transforman en una tortura silenciosa dentro de la mansión Volkov, ensanchando una distancia abismal que amenaza con destruir todo a su paso. Valeria pasa las horas confinada entre las paredes de su habitación, ahogada en un llanto incesante por la supuesta muerte de Richard, de modo que cada vez que Adrián intenta acercarse para abrazarla o cruzar una sola palabra con ella, ella esquiva su toque de inmediato con un rechazo helado.
–No me toques, Adrián, por favor, simplemente esto