–Tú misma lo dijiste, Valeria, estás aquí porque me debes una cantidad de dinero que jamás podrías pagar por tu cuenta y porque la vida de tu hermano depende exclusivamente de mi buena voluntad –responde Adrián con una voz pausada, desprovista de cualquier rastro de la calidez que alguna vez existió entre ellos, mientras acomoda su espalda contra los almohadones de seda con un movimiento lento que le arranca un leve mueco de dolor, aunque sus ojos oscuros brillan con una intensidad felina que d