De repente, en el marco de la entrada aparece Irina, sosteniéndose el vestido de satén marfil con los dedos temblorosos mientras intenta ocultar con la mano izquierda su labio superior, el cual luce visiblemente inflamado, purpúreo y con un rastro de sangre seca debido al puñetazo que Valeria le propinó . Al ver a su jefe abrazando con tanta devoción a la prisionera traidora, los celos letales y la soberbia de oficina vuelven a encenderse en su mirada de azul ártico, provocando que dé un paso a