No sabía qué hacer, si correr, esconderme o seguir buscando a mis amigas. El pánico nublaba mi juicio, cada decisión parecía una apuesta perdida. Entre la multitud que huía, alcancé a distinguir varias figuras uniformadas. ¿Guardias de seguridad? Claro, todo cobraba sentido. Ese era el motivo del alboroto, la razón por la que todos corrían como si el suelo estuviera a punto de abrirse bajo ellos. Si te atrapaban, imaginaba que el destino era la dirección del programa al que pertenecías, acompañ